La construcción y el carbono
Construir y habitar edificios es una de las actividades humanas que más dióxido de carbono emite. No por una casa en particular, sino por la suma de todas.
Los datos provienen de los informes de estado global del sector que publica el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente junto a la Alianza Global para Edificios y Construcción: la edición 2025–2026 estima el peso del sector en alrededor del 37% de las emisiones de CO₂ y la mitad de la extracción de materiales; la edición 2024–2025 atribuye cerca del 18% de las emisiones globales a materiales como el cemento y el acero. En cursos y textos de divulgación suele redondearse en «cerca del 40%»: el orden de magnitud es el mismo.
La conclusión práctica es directa: qué materiales elegimos y cómo diseñamos son decisiones climáticas, no solo estéticas o económicas. Reemplazar materiales industrializados de alto consumo energético por biomateriales crudos y locales es una de las herramientas más potentes que tiene la arquitectura para reducir esas emisiones. La otra, igual de importante, es el diseño: una casa que no necesita máquinas para ser confortable (sección 7).
Qué es la bioarquitectura
Una forma de proyectar que parte del lugar: su clima, su latitud, su altura y lo que el propio ecosistema ofrece como material.
La bioarquitectura se apoya en el estudio bioclimático de cada emplazamiento para definir la forma del edificio y sus límites: orientación, aberturas, sombras, ventilación, masa. Su objetivo es doble: eficiencia energética durante toda la vida útil de la construcción y reducción de la huella de carbono tanto al construir como al final de ese ciclo. Para lograrlo trabaja con biomateriales y recursos disponibles en el entorno cercano, y los combina con tecnologías que optimizan el uso de los recursos.
En la práctica, el diseño bioclimático se materializa a través de la bioconstrucción —tierra, madera, caña, fibras, cal— y se integra en un diseño sistémico que incorpora las variables del entorno, sea un paisaje rural o un contexto urbano.
La relación entre arquitectura y naturaleza es tan antigua como la vivienda misma. Esa interacción, en su origen armónica, se fue perdiendo con el desarrollo industrial: más energía, más materiales extraídos a un ritmo que supera la capacidad de renovación de los ecosistemas. La bioarquitectura no propone volver atrás, sino recuperar esa relación con el conocimiento técnico de hoy.
Dos momentos del carbono
La bioarquitectura reduce emisiones en dos momentos distintos de la vida de un edificio.
Por eso la bioarquitectura no se evalúa solo por cómo se ve terminada, sino por su ciclo de vida completo: de dónde vienen sus materiales, cuánta energía costó producirlos y transportarlos, cuánta energía necesita la casa para ser confortable y qué pasa con ella el día que deja de usarse.
Carbono incorporado y carbono operativo
Para medir la huella de un edificio se separan dos grandes componentes.
Carbono incorporado
El CO₂ emitido para extraer, fabricar, transportar y colocar los materiales, más el que se emitirá al mantenerlos, reemplazarlos y demolerlos. Se paga casi todo antes de habitar la casa, y no se recupera. Es el terreno donde la elección de materiales pesa más.
Carbono operativo
El CO₂ asociado a la energía que la casa consume mientras se usa, durante décadas: aire acondicionado, ventiladores, deshumidificadores, luces encendidas de día, calefacción en climas fríos, agua caliente, cocina. Cuánto de todo eso hace falta depende, sobre todo, del diseño — lo desarrollamos en la sección 7.
La metodología europea de evaluación de edificios (norma EN 15978) ordena este recorrido en etapas: producción de materiales (A1–A3), transporte y construcción (A4–A5), uso y mantenimiento (B), fin de vida (C), y beneficios más allá del ciclo, como la reutilización (D). Es el marco de referencia habitual para un cálculo de huella de carbono serio, y el que usamos en la sección 10.
Los números: un metro cuadrado de muro
Comparamos el carbono incorporado (etapas A1–A3) de un metro cuadrado de muro, con las técnicas y espesores típicos en República Dominicana.
De dónde sale cada número
| Muro | Componentes (por m²) | kg CO₂e/m² |
|---|---|---|
| Bloque de cemento 6" | 12,5 bloques de ~14 kg (17,2) · mortero de pega (5,8) · relleno de celdas con hormigón (2,5) · varillas, ~2,5 kg (4,4) · pañete de cemento en ambas caras, 1,5 cm cada una (8,7) | 38,6 |
| Adobe reforzado, 30 cm | ~480 kg de adobe sin cemento (9,6) · refuerzo de caña (≈0) · viga collar de madera (0,9) · revoque de cal en ambas caras (3,8) | 14,3 |
| Quincha / bahareque, 10 cm | Entramado de madera (2,8) · caña (≈0) · ~170 kg de barro (3,4) · revoque de cal en ambas caras (3,8) · alambre y clavos (0,5) | 10,5 |
| Material | Factor usado | Fuente / criterio |
|---|---|---|
| Cemento | 0,83 kg CO₂/kg | ICE (Hammond & Jones, Universidad de Bath) |
| Bloque de hormigón | 0,098 kg CO₂/kg | ICE (Hammond & Jones) |
| Acero | 1,77 kg CO₂/kg | ICE (Hammond & Jones) |
| Madera aserrada | 0,46 kg CO₂/kg | ICE (Hammond & Jones), sin descontar el carbono almacenado en la madera |
| Cal | 0,76 kg CO₂/kg | Valor alto del rango publicado en bases derivadas de ICE (≈0,5–0,76) — criterio conservador |
| Barro sin cemento (del sitio) | 0,02 kg CO₂/kg | Supuesto conservador de Somos Barro RD para excavación, mezcla y acarreo corto. Estudios sobre adobe con paja reportan valores cercanos a cero o incluso negativos |
La lectura es clara: un muro de quincha o bahareque incorpora alrededor de una cuarta parte del carbono de un muro de bloque, y un adobe reforzado, algo más de un tercio. En el muro de bloque, lo que más pesa no es solo el bloque: el cemento del mortero, del relleno y del pañete suma casi tanto como el propio bloque.
Una casa en Samaná
Llevamos los números a una vivienda de una planta de unos 80 m², con alrededor de 112 m² de muros (descontadas puertas y ventanas) y 90 m² de techo.
| Partida | Convencional | Bioarquitectura |
|---|---|---|
| Muros (112 m²) | Bloque 6" + pañete: 4,3 t CO₂e | Quincha / bahareque: 1,2 t CO₂e (adobe reforzado: 1,6 t) |
| Techo (90 m²) | Losa de hormigón armado de 12 cm (~53 kg/m²): 4,7 t CO₂e | Techo liviano: estructura de madera + lámina de zinc (~10 kg/m²; supuesto ~4,5 kg de lámina por m²): 0,9 t CO₂e |
| Subtotal comparado | ≈ 9,1 t CO₂e | ≈ 2,1 t CO₂e |
Dos observaciones. Primera: el techo importa tanto como los muros. En República Dominicana la losa de hormigón armado es muy común, y en esta comparación es la partida individual de mayor huella. Un techo liviano bien anclado — necesario además en zona de huracanes — reduce carbono y, de paso, masa sobre los muros, algo que en zona sísmica también suma.
Segunda: la comparación deja fuera, a propósito, lo que suele ser igual en ambas casas — fundación, sobrecimiento, piso, baño, instalaciones — igual que hicimos en el artículo sobre costos. Esas partidas también tienen huella, y en un cálculo completo se incluyen.
El diseño también es carbono
Hasta acá hablamos de lo que cuesta construir. Pero una casa se habita durante décadas, y lo que consume en ese tiempo puede superar muchas veces el carbono de su construcción. Ahí manda el diseño.
Una casa mal diseñada para su clima necesita «vitaminas» para ser habitable: aire acondicionado porque el sol de la tarde calienta los muros y los vidrios, luces encendidas de día porque los ambientes son oscuros, deshumidificadores y ventiladores todo el día porque el aire no circula, calefacción en climas fríos o zonas altas porque la casa no guarda el calor del sol. Todo eso es energía, y la energía de la red eléctrica dominicana todavía sale en su mayor parte de combustibles fósiles.
Una casa bien diseñada resuelve lo mismo con la forma: orientación que evita el sol bajo del oeste, aleros y galerías que dan sombra a muros y ventanas, ventilación cruzada que renueva el aire sin motores, luz natural bien distribuida, vegetación que enfría el entorno, y techos que no acumulan calor sobre los ambientes.
Un escenario para dimensionarlo
| Vivienda de ~80 m² en Samaná | Mal diseño bioclimático | Buen diseño bioclimático |
|---|---|---|
| Qué necesita para ser confortable | 2 aires acondicionados de 12.000 BTU, 8 h por día · luces encendidas de día · deshumidificador | 4 ventiladores de techo, 10 h por día · luces de noche |
| Consumo eléctrico | ≈ 7.700 kWh por año | ≈ 840 kWh por año |
| Emisiones de uso | ≈ 4,9 t CO₂ por año | ≈ 0,5 t CO₂ por año |
El escenario es ilustrativo — cada casa, cada familia y cada equipo consumen distinto — pero el orden de magnitud es claro: el uso puede pesar mucho más que la construcción. A medida que la red dominicana incorpore más energía renovable, esas cifras bajarán; la proporción entre una casa que necesita máquinas y una que no, se mantiene.
El detalle de cómo diseñar para el clima de Samaná — orientación, ventilación cruzada, aleros, sombra y cuándo conviene o no la masa térmica — está en el manual de arquitectura bioclimática.
Lo que el número no cuenta
Un factor de emisión por kilo es una herramienta útil, pero no captura todo lo que diferencia a una casa de otra.
- Carbono almacenado. La madera, la caña, la paja y otras fibras capturaron CO₂ mientras crecían, y lo retienen mientras forman parte del muro. Los números de la sección 5 no lo descuentan: el balance real de la quincha y el bahareque es todavía mejor.
- Transporte. El barro sale del propio terreno o de muy cerca. El cemento, el acero y buena parte de los bloques recorren distancias largas, a veces desde fuera del país.
- Energía de uso. Los números de muros y techo no incluyen lo que la casa consumirá al habitarse — que, como vimos en la sección 7, puede ser la parte más grande de la huella.
- Mantenimiento y reparabilidad. Un revoque de barro o cal se repara a mano con material del lugar. La durabilidad depende de proteger bien los muros de la lluvia — el «sombrero y las botas» de toda construcción con tierra.
- Fin de vida. Lo que no se convierte en escombro no genera emisiones de demolición, transporte ni disposición final.
Por eso preferimos hablar de órdenes de magnitud: la dirección del resultado es robusta; la cifra exacta de cada proyecto depende de sus cantidades reales, sus proveedores y su diseño.
De reducir a regenerar
La bioarquitectura, por sí sola, reduce emisiones. Se vuelve regenerativa cuando se integra con su entorno.
Una casa de barro bien hecha emite mucho menos que una convencional, pero sigue siendo un objeto que consume recursos. Su carácter regenerativo aparece cuando se la piensa como parte de una cadena mayor de elementos conectados: la casa que capta y almacena agua de lluvia, que genera parte de su energía, que devuelve sus residuos orgánicos al suelo como compost, que se rodea de un paisaje productivo en vez de un jardín solo decorativo. La casa como productora de energías limpias y de alimento, no solo como consumidora.
Ese es el cruce entre bioarquitectura y permacultura: diseñar desde los patrones hasta el detalle, imitar el funcionamiento de los ecosistemas — donde no existe la basura — y buscar sistemas que se mantengan a sí mismos. Lo desarrollamos en el artículo Permacultura en Samaná.
Medir para decidir
Las cifras de este artículo son referencias. En un proyecto real, la huella de carbono se calcula con las cantidades y materiales de ese proyecto — y sirve para decidir antes de construir.
- Inventario de cantidades Metros cuadrados de muro, techo y piso; volúmenes de hormigón, mortero y revoque; kilos de acero, madera y otros materiales, a partir de los planos del proyecto.
- Factores de emisión Cada material se multiplica por su factor de carbono, tomado de bases de datos reconocidas o, cuando existe, de la declaración ambiental del producto del fabricante.
- Etapas del ciclo de vida Producción (A1–A3), transporte y obra (A4–A5), uso y mantenimiento (B) y fin de vida (C), según el alcance acordado para el estudio.
- Energía de uso Una estimación del consumo de la casa habitada según su diseño — orientación, sombra, ventilación, equipos — para ver cuánto pesa frente a la construcción y qué cambios de diseño lo reducen.
- Comparación de alternativas El valor del cálculo está en comparar: bloque o tierra, losa o techo liviano, pañete de cemento o revoque de cal — y ver cuánto mueve cada decisión.
- Informe Un documento con la huella total, su desglose por partida — construcción y uso — y las decisiones de materiales y de diseño que más la reducen, útil para el propietario, para inversores y para proyectos con certificación o compromisos ambientales.
En Somos Barro RD estamos incorporando el cálculo de huella de carbono y la elaboración de informes a nuestras asesorías de proyecto: para viviendas, villas, ecolodges y hoteles que quieran saber cuánto carbono cuesta lo que van a construir, y cuánto pueden ahorrar eligiendo bien.
¿Cuánto carbono cuesta tu proyecto?
Asesoría en bioarquitectura y bioconstrucción en Samaná, República Dominicana — con cálculo de huella de carbono para comparar alternativas antes de construir.